Esta es mi vida a través de mis palabras. EGOCIDIO: Y a veces, al despertar...

Saturday, December 27, 2008

Y a veces, al despertar...

tan pronto abro mis ojos, el demonio sigue ahí.

O podría ser quizás un fantasma. De esos que estremecen en silencio nuestra entraña, pero del que no hay evidencia que mostrar, además del desajuste que nos crea. Un fantasma infernal que acude sin avisar, sin prevenir, sin advertir, pero llega, constante como el parpadeo de mis ojos, permanente como la continua respiración, necesario como el latido en mi interior.

Y como buen fantasma, se alimenta sólo de mi temor, de mi rabia decadente, y mis lágrimas de ardor. No me ataca, sólo espera... no me escucha, sólo observa.

Y conforme el día sigue, se desvanece como si la luz del sol le quemara su alma inerte, como si los rayos de iluminación evaporizaran sus tendones y le hirvieran su sangre muerta. Y mi fantasma desaparece, dejando sólo el eco de sus desgarradores gritos que en silencio nadie escucha, ni escuchará jamás... porque es un lenguaje oculto, pero que algún día me obligué a aprender.

Y con estos mismos ojos que lo veo escudriñarme, veo el día suceder y llenarme de momentos. Y con los mismos oídos que agonizan al escucharle, acumulo nuevos instantes que acrecientan mis pensamientos y me hacen olvidar... y me hacen sentir cansado de ser feliz, para invitarme a descansar y sonreir.

Termina el día y comienza la noche, y a veces creo que nunca más regresará... que en el nuevo silencio que cultivo a mi alrededor, en medio de la oscuridad que nace cuando apago una a una cada luz, no hay espacio para que vuelva, no hay motivos para que reaparezca, ni alimento que le sostenga. Porque ya no me queda nada de lo que mi demonio quiere de mi.

Y cierro los ojos y duermo en paz.

Los mismos ojos que sólo abiertos pueden recordar y derramar en gotas el veneno que le invito a venir, a aparecer, a destruir.
Pero al cerrar los ojos descanso en paz, y justo cuando me acuerdo que me olvidé de recordar, duermo. Duermo y olvido.

Pero a veces al despertar, recuesto mi cabeza hacia un lado y encuentro en la luz que atraviesa las cortinas la invitación para empezar... y abró mis ojos, y ahí, sentado, sigue el demonio riéndose de mi.

Y a veces, también me rio yo.

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